La desgracia del personaje secundario
Llevo ya unos meses rastreando la historia de Madoff, hablando con víctimas y recorriendo los escenarios de su vida (sirva esto como publicidad subliminal de un próximo reportaje en CUATRO jejeje). El caso es que si hay un personaje tan fascinante como él, es el de su esposa. No está acusada de nada pero todo el mundo la apunta como culpable. El otro día el NYT recogía la historia de su vida actual. No la quieren en la peluquería, no puede ir a la panadería de siempre, en el restaurante del barrio la cierran la puerta y ha dejado de ir al gimnasio. Vive encerrada en su libertad. No dudo que quizás lo tenga merecido, aunque lo cierto es que nada se ha demostrado contra ella, más allá de que lleva al lado de su marido 50 años. Su aspecto no es agradable. Mujer acostumbrada a vivir bien, soberbia, aficionada a la cirugía plástica y a mirar por encima del hombro a casi todo el mundo. Pero bueno, el caso es que es la única esposa de estafadores legendarios que carga con la culpa de su marido desde el primer día. Me costó mucho encontrar imágenes suyas en acción. Ayer vi otras en una web de Ruth saliendo de la cárcel mientras un reportero la acosa a preguntas. Los detalles cuentan. La mujer tiene 67 años y se mueve como una jóven. Sorprende que vaya sin escolta ni compañía y que el final de su camino sea un vulgar taxi neoyorquino. Ella, que lo tuvo todo. ¡Personaje! (en la foto está en su ático-jaula de oro en el alto Manhattan)


